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jueves, 14 de noviembre de 2024

Palazzolo Acreide, Siracusa, Italia

 Era temprano por la mañana cuando nuestra camper dejó atrás los vastos campos dorados del corazón de Sicilia. El aire fresco nos prometía un día lleno de descubrimientos en Palazzolo Acreide, un pequeño pero fascinante pueblo que guarda entre sus calles el legado de la Antigua Grecia y el encanto de la Sicilia barroca.

Al acercarnos, el pueblo se reveló en la cima de una colina, rodeado de olivares y cipreses que se mecían al ritmo del viento. Aparcamos nuestro camper en un área habilitada cerca del centro histórico, donde la vista panorámica ya comenzaba a conquistarnos. Con mochilas ligeras y zapatos cómodos, nos preparamos para explorar.

Nuestra primera parada fue el Parque Arqueológico de Akrai, situado en las afueras del pueblo. Fundado por los siracusanos en el siglo VII a.C., este antiguo asentamiento griego nos transportó a otra era. Caminamos entre las ruinas del teatro, donde aún podíamos imaginar las tragedias y comedias que resonaron en sus gradas.
 

A pocos pasos, encontramos las Latomías del Intagliata e Intagliatella, antiguas canteras transformadas en necrópolis. Las sombras de los pinos altos y los grabados en las rocas nos envolvieron en un ambiente casi místico.

De regreso al casco histórico, nos dirigimos a la Piazza del Popolo, el corazón palpitante de Palazzolo Acreide. Allí, la Iglesia de San Sebastián se alzaba majestuosa, un ejemplo espléndido del barroco siciliano. Sus intrincadas fachadas parecían contar historias, y el interior, con frescos y esculturas, nos dejó sin palabras.

Para el almuerzo, nos aventuramos a una trattoria local, donde probamos los famosos cavatelli con cerdo y ricotta. No faltó un toque dulce al final, con los cannoli más frescos que hayamos probado jamás. La hospitalidad de los lugareños hizo que cada bocado fuera aún más especial.

Por la tarde, visitamos el Museo de las Tradiciones Nobles y Campesinas, ubicado en un edificio histórico. Las colecciones de herramientas agrícolas, trajes tradicionales y objetos cotidianos nos dieron una visión íntima de la vida en Palazzolo Acreide a lo largo de los siglos.

Antes de regresar a la camper, paseamos por las calles empedradas del pueblo. Las casas de piedra, los balcones con flores y la tranquilidad de las plazas nos invitaron a ralentizar el paso. Subimos al Belvedere, un mirador que ofrecía una vista impresionante del valle. Allí, el atardecer pintaba el cielo con tonos de oro y carmín, marcando el final perfecto para nuestro día.

De vuelta a nuestra camper, mientras el aroma del café recién hecho llenaba el aire, reflexionamos sobre la riqueza de este pequeño pueblo. Palazzolo Acreide no solo nos mostró su historia y su arte, sino que también nos recordó la importancia de disfrutar los pequeños momentos.

Las estrellas comenzaron a brillar en el cielo, y con la promesa de nuevos destinos, cerramos el día con una sensación de gratitud por el camino recorrido. ¿Mañana? La aventura continúa, pero Palazzolo Acreide tendrá siempre un lugar especial en nuestra memoria.

 


Los sueños siempre se acaban en la mejor parte, porque la vida espera que te levantes y  los cumplas.


Haz siempre el bien, la vida tiene memoria.


Lo bueno siempre encuentra su camino.


Tu peor enemigo está en el espejo, tu mejor compañía también.


Jamás busques la felicidad donde la perdiste.




martes, 12 de noviembre de 2024

Noto, Siracusa, Italia

 El motor de nuestra camper ronronea suavemente mientras nos acercamos a Noto, la reina del barroco siciliano. El paisaje que nos rodea es un cuadro de olivares, campos dorados y cielos despejados, hasta que la ciudad emerge en el horizonte, con sus edificios de piedra que resplandecen en tonos miel bajo el sol matutino. Aparcamos a las afueras, emocionados por sumergirnos en este lugar declarado Patrimonio de la Humanidad, un escenario de arte y arquitectura.

Al comenzar nuestra caminata por el Corso Vittorio Emanuele, Noto nos recibe con una teatralidad encantadora. Las fachadas barrocas parecen competir por nuestra atención, decoradas con balcones de hierro forjado y grotescas figuras talladas en la piedra. Nuestra primera parada es la majestuosa Catedral de San Nicolò, cuya escalinata amplia invita a una pausa. Admiramos su fachada, con líneas elegantes y simétricas que parecen fundirse con el cielo azul. Al entrar, la luz natural se filtra por los vitrales, creando un ambiente sereno que contrasta con la grandiosidad exterior.

Continuamos nuestro recorrido, deteniéndonos en el Palazzo Ducezio, un edificio que alberga el ayuntamiento y cuyo interior deslumbra con frescos y elegantes decoraciones. Más adelante, la Chiesa di San Carlo al Corso nos desafía a subir a su campanario. Desde allí, la vista de Noto es impresionante: un laberinto de tejados y cúpulas que parecen extenderse hasta donde alcanza la vista.

En cada esquina, pequeñas plazas y fuentes añaden un toque de frescura a nuestra caminata. La Piazza XVI Maggio, con la Iglesia de San Domenico, es un lugar perfecto para descansar bajo la sombra de los árboles, rodeados del murmullo de la vida local.

El aroma del pistacho y los cítricos nos guía hacia una pastelería tradicional, donde probamos el famoso granizado de almendra acompañado de brioche, un deleite que refresca y reconforta. Decidimos almorzar en una pequeña trattoria escondida, donde el menú celebra los sabores de la región, pasta con pesto de pistacho, caponata y un vino blanco fresco de las colinas cercanas. Cada bocado es una sinfonía de Sicilia en nuestro paladar.

Al llegar la tarde, nos dirigimos a la Porta Reale, el icónico arco que marca la entrada al centro histórico. Aquí el tiempo parece ralentizarse. Nos sentamos cerca del monumento, observando cómo el sol desciende y tiñe la piedra de tonos cálidos, mientras los lugareños y visitantes disfrutan del paseo vespertino.

De vuelta en nuestra camper, buscamos un lugar tranquilo en las afueras de la ciudad para pasar la noche. Desde nuestra ventana, podemos ver a lo lejos las luces de Noto, que brillan como un tesoro bajo la oscuridad del cielo. Nos sentamos fuera, con una copa de vino y el eco de nuestras exploraciones del día aún fresco en nuestras mentes.

Noto nos deja la impresión de ser no solo una ciudad, sino una obra de arte viviente, un lugar donde el barroco no solo se contempla, sino que se siente. Mientras nos preparamos para descansar, nos preguntamos qué maravillas nos aguardarán mañana en este viaje por la mágica Sicilia.

 









lunes, 11 de noviembre de 2024

Siracusa, Italia

 El sol se refleja en las aguas cristalinas del mar Jónico mientras nuestra camper avanza por la costa, acercándonos a Siracusa, un lugar donde la historia y la belleza se entrelazan. Fundada por los antiguos griegos y moldeada por civilizaciones a lo largo de los siglos, la ciudad nos recibe con su mezcla de ruinas antiguas, calles encantadoras y una energía vibrante. Aparcamos cerca del centro histórico, listos para explorar esta joya siciliana.

Comenzamos nuestra jornada en el Parque Arqueológico de Neápolis, un sitio que reúne algunos de los vestigios más impresionantes de la antigüedad. Caminamos por senderos sombreados por árboles mediterráneos hasta llegar al Teatro Griego, un anfiteatro monumental tallado en la roca, donde los ecos de las tragedias clásicas aún parecen resonar. Desde aquí, la vista se extiende hacia el mar, como si el paisaje también quisiera ser parte del espectáculo.

Más adelante, visitamos el Orecchio di Dionisio, una cueva en forma de oreja gigante, cuya acústica perfecta se dice que utilizaba el tirano Dionisio para espiar a sus prisioneros. La atmósfera aquí es casi mágica, con la luz filtrándose a través de la abertura y los sonidos amplificados de una manera casi sobrenatural.

Nos dirigimos a Ortigia, la isla que forma el centro histórico de Siracusa, conectada al continente por un puente. Aparcamos la camper en las inmediaciones y cruzamos a pie, adentrándonos en un laberinto de callejuelas estrechas y empedradas. La Piazza del Duomo nos detiene en seco: una plaza amplia y luminosa rodeada de edificios barrocos, con la imponente Catedral de Siracusa en el centro. Este templo, construido sobre un antiguo templo griego, es una mezcla fascinante de estilos arquitectónicos y de historia viva.

Caminamos hacia la orilla del mar, donde la Fuente de Aretusa nos espera. Según la mitología, aquí la ninfa Aretusa emergió después de huir de su perseguidor. Hoy, el manantial está rodeado de papiros y ofrece una vista tranquila del mar.

El hambre nos lleva a una pequeña  casa de comidase en el puerto. Probamos especialidades locales como pasta con sepia negra, pescado fresco y, de postre, un sorbete de limón que nos refresca mientras disfrutamos de la brisa marina.

De camino, exploramos el mercado de Ortigia, donde los vendedores ofrecen pescados recién capturados, quesos, frutas y especias. El ambiente es vibrante, y no podemos resistirnos a comprar algunos productos locales para disfrutar más tarde en la camper.

Nos dirigimos al Lungomare di Levante, un paseo marítimo que rodea Ortigia, justo a tiempo para el atardecer. Sentados en un banco, observamos cómo el cielo se pinta de naranja y rosa, mientras las olas acarician suavemente las rocas. Las luces comienzan a encenderse en la ciudad, reflejándose en el agua como estrellas.

Esa noche, estacionamos nuestra camper en un área tranquila con vistas al mar. La brisa fresca llena el aire mientras cenamos algunos de los productos que compramos en el mercado. Desde nuestra ventana, las luces de Ortigia parpadean a lo lejos, y el sonido del agua nos arrulla.

Siracusa nos ha conquistado con su mezcla de historia, mitología y paisajes mediterráneos. A medida que cerramos los ojos, sabemos que este día será uno de los más memorables de nuestro viaje por Sicilia.

Cuando la garrapata engorda más que el perro, muere la garrapata y muere el perro.


A su tiempo maduran las brevas.

No hay peor ciego que el que no quiere leer.





El que no lucha por lo que quiere, no merece lo que desea



Del árbol caído todos hacen leña.




Tanto nadar para morir en la orilla.