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viernes, 11 de octubre de 2024

Volterra, Pisa, Italia

El sol comenzaba a bajar, tiñendo el cielo de tonos dorados y anaranjados mientras nos acercábamos a Volterra, una ciudad que se erige majestuosamente sobre una colina, rodeada por un paisaje de campos de olivos y colinas suaves. Desde la distancia, sus antiguas murallas de piedra y sus torres medievales se destacaban contra el horizonte, invitándonos a explorar su historia y belleza inigualables. Estacionamos la camper en una de las áreas cercanas al centro histórico y nos preparamos para adentrarnos en la magia de Volterra, una ciudad que ha sido testigo de miles de años de historia.

Al caminar hacia el centro, comenzamos nuestra visita por las murallas etruscas, que datan del siglo IV a.C. Estas antiguas murallas, construidas con enormes bloques de piedra, son uno de los vestigios más impresionantes de la civilización etrusca que aún se conservan. Desde sus rampas, se pueden apreciar las vistas de los campos circundantes, salpicados de olivares y bosques de pinos, un paisaje que ha permanecido casi intacto a lo largo de los siglos.

Al entrar en el casco antiguo, nos sumergimos en un laberinto de calles estrechas y empedradas que nos transportaron a la Edad Media. Cada esquina de Volterra tiene un aire de misterio, con edificios de piedra y ventanas de madera que parecen guardar secretos de otras épocas. La Piazza dei Priori, el corazón de la ciudad, se desplegó ante nosotros con su elegante Palazzo dei Priori, que destaca por su arquitectura medieval.

Decidimos continuar nuestro recorrido por el Museo Etrusco Guarnacci, que alberga una rica colección de arte y artefactos etruscos. Este museo, que ocupa un edificio medieval en el centro de la ciudad, es una joya para los amantes de la historia antigua. Las vitrinas estaban llenas de urnas funerarias, estatuas y joyas que pertenecieron a los habitantes de Volterra hace más de dos mil años. La famosa urna de los esposos, una escultura etrusca que muestra una pareja recostada en un lecho funerario, nos dejó impresionados por su expresividad y detalle.

Luego, recorrimos las ruinas etruscas de la Necrópolis de S. Giusto, donde los vestigios de las tumbas etruscas nos ofrecieron una ventana al pasado de esta antigua civilización. Cada tumba es un testimonio de la sofisticación y el misticismo de los etruscos, cuyos secretos siguen siendo revelados poco a poco por los arqueólogos.

Después de la visita al museo, decidimos acercarnos a la Catedral de Volterra (Duomo di Santa Maria Assunta), una iglesia de estilo románico que se encuentra en la Piazza San Giovanni. Su fachada de piedra gris, austera pero imponente, nos dio la bienvenida, y al entrar, nos sorprendió la simplicidad y la serenidad del interior. Las columnas y arcos de la iglesia, junto con las frescas paredes, nos ofrecieron un refugio tranquilo en medio del bullicio del día.

Tras la visita a la catedral, subimos a la Piazza dei Priori para admirar el Palazzo dei Priori, uno de los edificios más antiguos y emblemáticos de Volterra. La plaza estaba llena de vida, con visitantes y lugareños disfrutando del sol, mientras el Palazzo, con sus torres medievales, se erguía como un símbolo del poder y la historia de la ciudad.

Volterra es famosa por su tradición en la artesanía del alabastro, una piedra suave y translúcida que se ha utilizado en la ciudad desde tiempos etruscos. Decidimos dedicar un tiempo a explorar las tiendas de alabastro locales, donde artesanos trabajan la piedra con gran habilidad, creando todo tipo de figuras, jarrones y objetos decorativos. Nos maravillamos con las piezas únicas, especialmente en el taller de Ilaria Brotini, que nos mostró su obra moldeada a mano con esmero, su dominio de la técnica y dedicación.

Luego paseamos por el centro histórico, donde pequeñas tiendas de antigüedades y boutiques nos ofrecían una mirada más cercana a la vida cotidiana en Volterra. El aroma a pan recién horneado y a aceite de oliva llenaba el aire, invitándonos a detenernos y disfrutar.

Al caer la tarde, nos dirigimos a un restaurante en la Piazza dei Priori, donde pudimos cenar al aire libre, disfrutando del ambiente medieval mientras el sol se ponía y las luces de las farolas iluminaban la plaza. Probamos un delicioso crostini con paté de hígado, una entrada típica de la región, seguida de pappardelle al cinghiale, una pasta acompañada de una rica salsa de jabalí. El sabor profundo y sabroso nos hizo sentir más conectados con la tierra que nos rodeaba.

El vino, un excelente Chianti local, acompañó la cena mientras observábamos cómo la plaza se llenaba de vida. Las conversaciones en italiano, las risas y los murmullos de la gente creaban una atmósfera acogedora, como si fuéramos parte de una historia que se estaba escribiendo en ese mismo momento.

Tras la cena, nos dirigimos a caminar por las tranquilas calles de Volterra, iluminadas solo por las estrellas y las luces suaves de las lámparas de la ciudad. Las torres medievales y las murallas parecían tomar vida bajo la luz de la luna, y nos sentimos como si hubiéramos viajado al pasado. Con cada paso, Volterra nos susurraba historias de su glorioso pasado etrusco, romano y medieval, dejando una huella profunda en nuestro corazón.

Regresamos a la camper, estacionada cerca de las murallas, y nos acomodamos para descansar. Mientras cerrábamos los ojos, sabíamos que Volterra, con su mezcla única de historia, arte y naturaleza, sería un lugar que siempre recordaríamos como uno de los más especiales de nuestra travesía por la Toscana.

NOTA: Cuando estuvimos en Volterra, hicimos lo imposible por modificar nuestra ruta solo por visitar a nuestro conocido y admirado Ferenc Máté y su esposa Candace él escritor y bodeguero, ella pintora,  ya que estábamos a media hora de camino para llegar hasta Montalcino, a su bodega "Podere il Colombaio" y disfrutar de sus vinos toscanos de la variedad Sangiovese, y que nos firmara un libro suyo  que llevábamos con todo cariño "Un viñedo en la Toscana", donde relata la odisea de poner en marcha su bodega y que fue regalo de otro buen amigo y colega, Carlos Díaz Uder.  Pero no pudo ser en este viaje. Nos conformamos pensando que a veces  hay cosas que se quedan pendientes para volver otra vez a los lugares que te atrapan...






Nos pasamos a saludar a Ilaria Brotini, en su taller de escultura de alabastro en Volterra,  y, casualidades de la vida,  a recordar su paso por Roquetas de Mar en Almería.

La dejamos trabajando en sus magníficas creaciones. Así es la vida de la camper, no puedes disfrutar todo el tiempo que quisieras, de todos los encuentros maravillosos que te depara el camino.

Aunque si disfrutamos mucho aquella mañana de su preciosa obra.

En su magnífico taller, en Vía di Sotto, 4.  No dejes de visitarlo si pasas por Volterra.

  












































 

miércoles, 9 de octubre de 2024

Pisa, Italia

El viaje en la camper continuaba su curso, y a medida que nos acercábamos a Pisa, el nombre de esta ciudad evocaba instantáneamente imágenes de la famosa Torre Inclinada. Pisa, un lugar cargado de historia, arte y arquitectura, nos prometía una de las experiencias más emblemáticas de nuestro recorrido por la Toscana. A medida que estacionábamos la camper cerca del centro, comenzamos a caminar hacia el corazón de la ciudad, emocionados por la magia que nos esperaba.

Nuestra primera parada no podía ser otra que la famosa Piazza dei Miracoli (Plaza de los Milagros), donde se encuentran algunos de los monumentos más representativos de Pisa. Esta plaza es una de las más impresionantes de Europa, y nos dejó sin aliento al ver el Duomo de Pisa, la Torre Inclinada y el Baptisterio en su esplendor.

La Torre Inclinada, uno de los íconos más reconocidos del mundo, se erguía ante nosotros, con su característico ángulo que le da esa inclinación tan peculiar. La tentación de intentar "sujetar" la torre con nuestras manos para crear la famosa foto turística fue irresistible. Pero más allá de la foto, la majestuosidad del monumento nos hizo reflexionar sobre el ingenio humano que la convirtió en uno de los edificios más emblemáticos de la historia.

Nos dirigimos primero al Duomo, una iglesia románica impresionante, cuya fachada de mármol blanco y detalles escultóricos nos cautivaron. Al entrar, nos encontramos con un interior adornado con frescos y columnas, reflejando la grandeza de la arquitectura medieval. Cada rincón de la iglesia estaba cargado de historia, y la serenidad de su interior ofrecía un respiro ante el bullicio de los turistas que recorrían la plaza.

Después de visitar el Duomo, decidimos acercarnos a la Torre Inclinada para subir y disfrutar de las vistas. La subida, aunque un poco desafiante por los escalones empinados, valió totalmente la pena. Desde lo alto, la ciudad de Pisa se desplegaba ante nuestros ojos, con sus tejados rojos y el río Arno serpenteando a lo lejos. El paisaje, bañado por la luz del sol, era impresionante, y la sensación de estar sobre una de las estructuras más famosas del mundo nos llenó de asombro.

Tras bajar de la torre, nos dirigimos al Baptisterio de San Juan, el edificio redondo más grande de Italia, conocido por su acústica excepcional. Al entrar, nos encontramos con un espacio impresionante, donde el eco de nuestras voces se reflejaba de una manera única. La cúpula del baptisterio, con su forma perfecta y su arquitectura armoniosa, nos transmitió una sensación de paz y grandeza.

Después de haber disfrutado de los monumentos más famosos de la ciudad, decidimos caminar por las calles de Pisa. La ciudad, aunque famosa por su Torre Inclinada, tiene mucho más que ofrecer. Nos perdimos entre sus callejuelas adoquinadas, llenas de pequeños cafés, tiendas de souvenirs y mercados locales. La Via San Martino nos llevó hasta el Corso Italia, una de las principales calles comerciales de Pisa, donde nos detuvimos a tomar un espresso en una terraza al sol.

Pisa es también conocida por su ambiente estudiantil, gracias a la Universidad de Pisa, una de las más antiguas de Europa. Nos dirigimos hacia la Piazza dei Cavalieri, una plaza que alberga algunos de los edificios más importantes de la universidad, como el Palazzo della Carovana. La plaza, tranquila y rodeada de arquitectura renacentista, nos ofreció un lugar perfecto para descansar y absorber la atmósfera intelectual de la ciudad.

A medida que el día avanzaba, decidimos explorar el lado más histórico de Pisa, y nos dirigimos hacia el Museo della Navegazione Antica (Museo de la Navegación Antigua), ubicado cerca del río Arno. Este museo, un lugar menos conocido pero fascinante, nos permitió conocer la historia de la navegación en la región, con una colección impresionante de modelos de barcos antiguos y artefactos relacionados con el comercio marítimo.

El museo nos ofreció una perspectiva diferente de Pisa, más allá de la Torre Inclinada y la plaza del Duomo, y nos permitió conectar con una parte crucial de la historia de la ciudad. Al salir, paseamos a lo largo del río Arno, disfrutando de las vistas al atardecer. El agua del río reflejaba los colores cálidos del cielo, creando una imagen serena que contrastaba con la energía de la plaza central.

Para terminar el día, decidimos cenar en uno de los restaurantes cercanos al río Arno, donde degustamos platos típicos de la región. Probamos una ribollita, una sopa espesa y sabrosa, seguida de pasta al pesto y fritto misto de mariscos, acompañado de un vino. La comida, auténtica y reconfortante, nos ofreció un vistazo a los sabores de la Toscana.

Tras la cena, caminamos nuevamente hacia la Plaza del Duomo, donde la Torre Inclinada brillaba bajo las luces nocturnas, adquiriendo una atmósfera casi mágica. Nos quedamos allí por un momento, contemplando la magnificencia de la torre y los demás monumentos iluminados, mientras el bullicio de los turistas se había calmado, dejando lugar a una Pisa tranquila y serena.

Con la vista de la Torre Inclinada grabada en nuestra memoria, regresamos a la camper, estacionada en las afueras del centro, y nos acomodamos para descansar. Pisa, con su rica historia, sus monumentos emblemáticos y su vibrante atmósfera, había sido una parada increíblemente enriquecedora en nuestro viaje por la Toscana. Una ciudad que no solo nos regaló la visión de una de las maravillas más conocidas del mundo, sino que también nos permitió descubrir su alma, su historia y su encanto.





No éramos novios, no éramos amantes, no éramos amigos, pero siempre fuimos el uno del otro.


No vivas a medias, equivócate bien

Capturando recuerdos que durarán para siempre

En cada foto hay un pedacito de aventura y una pizca de magia

Desconecta del mundo para conectar contigo









Si no cambias, nada cambia

Nos encantó el tatuaje de la chica, y hablando con ella nos dijo que se lo hizo en un viaje a Costa Rica. Nos habló del significado, que lo usaban par describir situaciones difíciles con actitud optimista, entre otros significados. Cuando le pedimos permiso para hacerle una foto, posó encantada.