Cahors, una bonita ciudad del sur de Francia, situada en la región de Occitania, donde el río Lot dibuja una gran curva que abraza su casco histórico. Continuamos nuestro viaje en camper descubriendo lugares llenos de historia y, una vez más, nos encontramos con una ciudad que nos invita a dejar las prisas a un lado y disfrutar de cada rincón.
Cahors tiene más de dos mil años de historia. Sus orígenes se remontan a la época romana, cuando era conocida como Divona Cadurcorum. Sin embargo, fue durante la Edad Media cuando alcanzó su mayor esplendor gracias al comercio y a la actividad financiera de sus mercaderes, conocidos como los caorsins, que llegaron a tener fama en buena parte de Europa. Al pasear por sus calles todavía podemos imaginar aquella época de prosperidad, reflejada en sus antiguas casas, sus plazas y sus edificios históricos.
Uno de los lugares que más nos impresiona es el Puente Valentré, el gran símbolo de la ciudad. Este puente fortificado comenzó a construirse en 1308 y se terminó en el siglo XIV. Sus tres torres y sus arcos de piedra le dan un aspecto imponente y nos transportan directamente a la Edad Media. Caminamos sobre sus piedras mientras contemplamos el río y disfrutamos de la tranquilidad del entorno. Cuenta una curiosa leyenda que, desesperado por no conseguir terminar la obra, el arquitecto pidió ayuda al diablo, una historia que todavía hoy forma parte del encanto de este monumento.
Continuamos nuestro paseo hasta la catedral de Saint-Étienne, otro de los grandes tesoros de Cahors. Su construcción comenzó a principios del siglo XII y destaca por sus enormes cúpulas, su portada románica y su precioso claustro gótico. Nos detenemos a contemplar sus detalles y a disfrutar de la serenidad que se respira en su interior. Tanto la catedral como el puente forman parte del Patrimonio Mundial de la UNESCO por su relación con los Caminos de Santiago de Compostela en Francia.
Después nos perdemos por las callejuelas del casco antiguo, donde encontramos casas medievales, fachadas de entramado de madera, pequeñas plazas y rincones llenos de personalidad. Descubrimos también los llamados jardines secretos, pequeños espacios verdes escondidos entre edificios históricos que aportan un toque especial a nuestro recorrido. Nos encanta caminar sin un rumbo fijo, detenernos cuando algo nos llama la atención y disfrutar de esos pequeños descubrimientos que hacen que cada viaje sea diferente.
Cahors también es conocida por su gastronomía y por sus vinos, especialmente los de la denominación de origen Cahors, elaborados principalmente con la variedad de uva Malbec. Sus mercados y restaurantes nos acercan a los sabores tradicionales de la región y nos recuerdan que viajar también significa conocer las costumbres y la cultura de cada lugar.
Nos despedimos de Cahors con el recuerdo de su magnífico puente medieval, sus calles llenas de historia y la tranquilidad del río Lot. Ha sido una parada perfecta en nuestro recorrido por Francia, una ciudad que combina patrimonio, paisaje y tradición y que nos ha permitido seguir descubriendo la riqueza de esta región.