Duilhac-sous-Peyrepertuse, un pequeño pueblo del departamento del Aude, en plena región de Occitania. Estamos en el corazón de las Corbières, un paisaje de montañas calcáreas, viñedos y caminos serpenteantes donde la historia de los cátaros sigue muy presente.
El pueblo aparece encaramado sobre un promontorio rocoso, con sus casas agrupadas en forma de anfiteatro alrededor de la iglesia románica de Saint-Michel. Su origen medieval se remonta, al menos, a 1115, cuando ya aparece citado con el nombre de Dulachum. Paseando por sus callejuelas descubrimos el antiguo recinto fortificado, conocido como Le Fort, y la curiosa Fontaine des Amours, cuya inscripción promete que quien beba de sus aguas se enamorará.
Pero la gran protagonista de este lugar es, sin duda, la impresionante fortaleza de Peyrepertuse, que domina el pueblo desde una larga cresta rocosa a unos 800 metros de altitud. Su silueta parece formar parte de la propia montaña. Fue uno de los grandes castillos vinculados a la cruzada contra los cátaros y, tras pasar a manos francesas en 1240, se convirtió en una importante fortaleza real para vigilar la frontera con los territorios de la Corona de Aragón. Recorrer sus murallas y subir hasta la parte alta, donde se encuentra la fortaleza de San Jordi, es una experiencia inolvidable. Desde allí contemplamos un paisaje inmenso de montañas y valles que ayuda a comprender por qué este lugar fue tan estratégico.
Y para completar la visita nos acercamos a las gargantas del Verdouble, junto al antiguo molino de Ribaute, donde el agua ha ido formando pozas naturales entre las rocas calcáreas. Un rincón precioso para disfrutar de la naturaleza y descansar después de tanta historia.
Duilhac-sous-Peyrepertuse es mucho más que el pueblo situado bajo un castillo famoso: es un lugar donde paisaje, memoria medieval y vida rural se unen de una forma especial. Nos marchamos con la sensación de haber recorrido uno de esos rincones del País Cátaro que dejan huella.