Fabrèges, un pequeño enclave de montaña situado junto al
lago del mismo nombre, rodeado de cumbres y de una naturaleza que volvía a
mostrarnos toda la belleza de esta parte del Pirineo.
La llegada ya merecía la pena. La carretera ascendía entre
montañas y, de repente, apareció ante nosotros el lago de Fabrèges, encajado en
el valle y rodeado de laderas verdes. El contraste entre el agua tranquila y
las montañas hacía que el paisaje resultara especialmente atractivo.
Nos acercamos hasta la orilla para disfrutar del entorno y
pasear un rato. El lago estaba enmarcado por las montañas y el silencio
solamente se rompía de vez en cuando por algún sonido procedente del valle. Era
un lugar de esos que invitan a quedarse un poco más.
Fabrèges también es conocido por ser punto de partida hacia
las zonas de mayor altura del valle, especialmente hacia Artouste. Allí se
encuentra el famoso tren de Artouste, uno de los ferrocarriles turísticos más
altos de Europa, que recorre la montaña ofreciendo unas vistas espectaculares.
Aunque nuestro objetivo principal era disfrutar del paisaje y del entorno,
saber que desde allí se podía continuar descubriendo la montaña añadía todavía
más interés a nuestra parada.
Nosotros preferimos recorrer la zona con tranquilidad,
disfrutando del lago y de las montañas que lo rodeaban. Después de tantos días
de ruta, agradecíamos especialmente estos lugares donde el paisaje era
suficiente para llenar una jornada.
Nuestra camper quedó nuevamente convertida en el punto de
referencia de aquel día. Desde ella podíamos contemplar el entorno, descansar y
decidir sobre la marcha cuánto tiempo queríamos permanecer allí. Esa
posibilidad de viajar sin un horario demasiado rígido era una de las cosas que
más disfrutábamos de nuestra forma de viajar.
Fabrèges fue una parada diferente dentro de nuestro
recorrido por el Pirineo francés. No era un pueblo como Laruns ni un lugar
monumental como Lourdes. Era, sobre todo, paisaje, agua, montaña, silencio y
caminos que se perdían entre las cumbres.
Al marcharnos, dejamos atrás el lago y continuamos nuestra
ruta por el valle. Otra imagen se incorporaba a nuestro viaje, esta vez con el
azul del agua y las montañas como protagonistas.
Y mientras la carretera seguía ascendiendo entre los
paisajes del Pirineo, nosotros continuábamos nuestro camino, curiosos por
descubrir cuál sería nuestra siguiente parada.
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