martes, 27 de octubre de 2026

Huesca, España

Huesca, capital del Alto Aragón, una ciudad acogedora donde la historia se descubre paseando por sus calles y plazas. Situada en la comarca de la Hoya de Huesca, entre las llanuras aragonesas y las primeras estribaciones del Pirineo, nos sorprendió por su patrimonio, sus leyendas y ese ambiente tranquilo que invita a recorrerla sin prisas.

Para conocer sus orígenes tenemos que remontarnos más de dos mil años atrás, cuando aquí se encontraba Bolskan, un importante asentamiento íbero conocido por sus acuñaciones de moneda. Con la llegada de los romanos pasó a llamarse Osca y adquirió gran protagonismo durante las guerras sertorianas. El general romano Quinto Sertorio estableció aquí su centro de poder y una escuela para los hijos de las familias destacadas de la región. Más tarde, durante cerca de cuatro siglos de dominio musulmán, la ciudad se convirtió en un importante enclave de la Marca Superior de al-Ándalus.

En 1096, el rey Pedro I de Aragón conquistó Huesca tras la batalla de Alcoraz. Desde entonces, la ciudad quedó incorporada al reino aragonés y fue escenario de algunos de los episodios más conocidos de su historia.

Comenzamos nuestro paseo por la catedral de Santa María, construida entre los siglos XIII y XVI sobre el solar de la antigua mezquita mayor. Su imponente fachada gótica domina la plaza y, en el interior, nos espera una auténtica joya: el retablo mayor renacentista, esculpido en alabastro por Damián Forment a comienzos del siglo XVI. Frente a la catedral se encuentra el Ayuntamiento, un elegante edificio renacentista aragonés que completa uno de los rincones más monumentales de la ciudad.

Continuamos hasta la iglesia y el claustro de San Pedro el Viejo, uno de los conjuntos románicos más importantes de Aragón. Sus orígenes se remontan al siglo XII y su claustro conserva capiteles esculpidos que invitan a detenerse en cada detalle. En la capilla de San Bartolomé descansan los restos de dos figuras fundamentales de la historia aragonesa: Alfonso I el Batallador y Ramiro II el Monje.

Muy cerca encontramos el antiguo Palacio de los Reyes de Aragón, integrado hoy en el Museo de Huesca. Este lugar está vinculado a una de las leyendas más famosas de Aragón: la Campana de Huesca. Según la tradición, Ramiro II el Monje mandó decapitar a doce nobles rebeldes y dispuso sus cabezas formando una campana para escarmentar a quienes cuestionaban su autoridad. Aunque el relato mezcla historia y leyenda, sigue formando parte de la identidad cultural oscense.

También nos acercamos a la plaza de López Allué, conocida popularmente como plaza del Mercado, donde se conserva el encanto de las plazas tradicionales. Allí merece la pena descubrir La Confianza, una antigua tienda de ultramarinos abierta en 1871, con una hermosa decoración pictórica en el techo. Para completar el recorrido, paseamos por el parque Miguel Servet, un espacio verde ideal para descansar y disfrutar de la ciudad desde otra perspectiva.

Huesca también presume de una gastronomía muy ligada a la tradición aragonesa. Entre sus platos encontramos las migas, el ternasco y las elaboraciones con productos de la huerta, además de dulces típicos como la trenza de Almudévar, muy popular en toda la provincia.

Nos marchamos de Huesca con la sensación de haber descubierto una ciudad que reúne siglos de historia en un centro histórico fácil de recorrer a pie. Y, por supuesto, nos quedamos con las ganas de seguir explorando los maravillosos paisajes que la rodean, desde la sierra de Guara hasta los impresionantes rincones del Prepirineo.