viernes, 6 de junio de 2025

Szeged, Hungría

El sol despuntaba en el horizonte cuando emprendimos nuestro viaje en camper rumbo a Szeged, Hungría. Con el tanque lleno y la emoción palpable, dejamos atrás el bullicio de la ciudad y nos sumergimos en el abrazo de la carretera.

Cada kilómetro recorrido nos regalaba postales cambiantes: campos dorados ondeando con la brisa, pequeñas aldeas con tejados rojos y carreteras que serpenteaban junto a ríos centelleantes. Las conversaciones, intercaladas con risas y planes para la llegada, hacían que el viaje se sintiera aún más especial.

Al llegar a Szeged, la ciudad nos recibió con su esplendor arquitectónico y la vibrante energía de sus calles. La Plaza Dom brillaba con su imponente catedral, y el aroma de la cocina local nos guiaba como un hilo invisible hacia los mercados y restaurantes. Nos dejamos llevar por la esencia de Szeged, explorando sus puentes, degustando su famosa sopa de pescado y perdiéndonos entre sus callejuelas llenas de historia.

La noche trajo consigo un cielo despejado, ideal para sentarnos junto a nuestra camper y compartir historias bajo las estrellas. Con el sonido lejano del río Tisza y una brisa suave, nos dimos cuenta de que este viaje no solo nos había llevado a un nuevo destino, sino que también nos había regalado momentos inolvidables.









Me llamó la atención, esta preciosa columna salomónica. Hay veces que la belleza te sorprende por inesperada.



 
Aunque parezca mentira, nuestros vecinos de aquella noche, no llevaban caravana, solo un coche, echaron para adelante los asientos traseros y durmieron entre estos y el maletero. Nos dimos un rato de buena conversación y las buenas noches.
 
 



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